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¿CUÁNDO Y CÓMO HABLAR DE SEXUALIDAD CON NUESTROS HIJOS?

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La sexualidad comienza desde el nacimiento

Cuando escuchamos la palabra sexualidad, muchas veces pensamos inmediatamente en relaciones sexuales. Sin embargo, la sexualidad es un concepto mucho más amplio y forma parte del desarrollo integral de cada persona desde el comienzo de la vida.

La sexualidad comienza desde que nacemos. No aparece en la adolescencia ni cuando llega la pubertad. Desde los primeros meses de vida, los niños empiezan a conocer su cuerpo, a establecer vínculos afectivos, a descubrir sensaciones y, poco a poco, a construir una imagen de sí mismos.

Hablar de sexualidad con nuestros hijos no significa hablarles de relaciones sexuales desde pequeños. Significa acompañarlos, con información adecuada para cada edad, en el proceso natural de conocer su cuerpo, desarrollar su identidad, establecer límites, expresar afecto y aprender a relacionarse de manera sana y respetuosa.

Sexualidad también es conocer quién soy.

Durante la infancia ocurren muchos descubrimientos. El niño aprende que tiene manos, pies, boca, genitales y otras partes de su cuerpo. Descubre sensaciones agradables y desagradables, observa diferencias entre las personas y comienza a hacer preguntas.

Estas conductas son parte del desarrollo normal.

Un niño pequeño puede tocar sus genitales de la misma manera que explora cualquier otra parte de su cuerpo. Esto no significa que tenga la misma comprensión de la sexualidad que un adulto. En la mayoría de los casos, se trata de curiosidad, exploración corporal y descubrimiento.

Nuestra respuesta como adultos es muy importante.

En lugar de transmitir vergüenza o miedo, podemos enseñar que todas las partes del cuerpo tienen un nombre y que algunas son privadas. Podemos explicar que conocer nuestro cuerpo es normal, pero también que existen límites y que nadie debe tocar nuestras partes íntimas sin una razón válida, como puede ocurrir durante una revisión médica, siempre explicándole al niño lo que se va a hacer.

¿Cuándo debemos empezar a hablar de sexualidad?

La respuesta más sencilla es: desde que nacen, pero de acuerdo con su edad y nivel de comprensión.

No necesitamos sentarnos a tener “la gran conversación”. La educación sexual ocurre principalmente a través de pequeñas conversaciones cotidianas.

Lo importante es que la información vaya creciendo junto con el niño.

De 0 a 2 años

En esta etapa, la prioridad es construir una relación positiva con el cuerpo y con el afecto.

Podemos:

  • Nombrar correctamente las partes del cuerpo, incluidos los genitales.
  • Enseñar que algunas partes del cuerpo son privadas.
  • Responder con naturalidad cuando exploran su cuerpo.
  • Enseñar poco a poco que su cuerpo les pertenece.

No es necesario utilizar explicaciones complicadas. Un lenguaje sencillo y natural es suficiente.

De 3 a 5 años

A esta edad aparecen muchas preguntas:

  • “¿Por qué él tiene pene y yo no?”
  • “¿De dónde vienen los bebés?”
  • “¿Por qué mamá tiene senos?”

Las preguntas pueden sorprendernos, pero son una oportunidad extraordinaria para enseñar.

La recomendación es responder exactamente lo que preguntan, utilizando palabras que puedan comprender, sin dar más información de la que necesitan en ese momento.

Si preguntan de dónde vienen los bebés, podemos explicar que un bebé comienza a crecer dentro del útero de la madre y que para formarlo se necesita un óvulo y un espermatozoide. Conforme crezcan, podremos ampliar esta explicación.

De 6 a 9 años

Los niños comienzan a comprender mejor conceptos como privacidad, intimidad, reproducción y relaciones.

Es un buen momento para hablar de:

  • Cambios corporales.
  • Pubertad.
  • Privacidad.
  • Límites personales.
  • Consentimiento.
  • Contacto físico apropiado e inapropiado.
  • Seguridad en internet.
  • Diferencias entre secretos buenos y secretos que generan incomodidad o miedo.

También es importante comenzar a preparar al niño para los cambios que ocurrirán durante la pubertad antes de que estos aparezcan.

En la preadolescencia y adolescencia

La conversación debe evolucionar hacia temas más complejos: cambios físicos y emocionales, menstruación, eyaculación, masturbación, relaciones afectivas, orientación e identidad, consentimiento, anticoncepción, infecciones de transmisión sexual, pornografía y sexualidad responsable.

En esta etapa, nuestro objetivo no debe ser únicamente evitar conductas de riesgo. Debemos ayudarles a desarrollar criterio, autoestima, responsabilidad y capacidad para tomar decisiones informadas.

Una pregunta importante: ¿qué pasa si mi hijo me pregunta algo que no sé responder?

No necesitamos saberlo todo.

Podemos decir:

“Es una muy buena pregunta. No estoy segura de la respuesta, pero vamos a investigarla juntos.”

Esta respuesta es mucho mejor que evadir el tema o inventar una explicación.

Cuando un niño descubre que puede preguntar a sus padres sin recibir burlas, regaños o vergüenza, aprende algo fundamental:

Puede acudir a ellos cuando tenga dudas o cuando algo le preocupe.

Y esa confianza puede convertirse en una de las herramientas de protección más importantes durante la adolescencia.

Enseñar sexualidad también es enseñar límites

Uno de los aprendizajes más importantes es que el cuerpo de cada persona le pertenece.

Desde pequeños podemos enseñarles:

  • “Tu cuerpo es tuyo.”
  • “Puedes decir que no quieres un abrazo o un beso.”
  • “Nadie debe pedirte que guardes en secreto algo que te haga sentir incómodo.”
  • “Si algo te preocupa, siempre puedes contármelo, aunque alguien te haya dicho que no lo hagas.”

Estas enseñanzas no buscan generar miedo. Buscan desarrollar autonomía, seguridad y capacidad para reconocer situaciones que no son adecuadas.

¿Y si nos da pena hablar del tema?

Es completamente normal. Muchos padres crecimos en familias donde la sexualidad era un tema del que no se hablaba.

Pero nuestros hijos viven en un mundo diferente. Tienen acceso a información desde edades cada vez más tempranas, especialmente a través de internet y las redes sociales.

La pregunta ya no es solamente si nuestros hijos recibirán información sobre sexualidad.

La pregunta es de quién la recibirán y qué calidad tendrá esa información.

Por eso, es preferible que encuentren en nosotros una fuente confiable, afectuosa y abierta, antes que dejar que internet, amigos o contenidos que no están diseñados para niños sean quienes respondan sus preguntas.

No se trata de hablar de sexo demasiado pronto, sino de acompañar el desarrollo

Educar en sexualidad no significa adelantar etapas.

Significa acompañar cada etapa con información adecuada.

La sexualidad es parte de la vida y del desarrollo humano. Hablar de ella con naturalidad no quita inocencia; proporciona conocimiento, seguridad y confianza.

Como padres, no necesitamos tener una conversación perfecta. Necesitamos estar disponibles para muchas conversaciones pequeñas a lo largo de los años.

Porque educar en sexualidad no es solamente enseñar sobre el acto sexual.

Y quizá una de las mejores enseñanzas que podemos transmitirles sea esta:

“Nunca tengas miedo de preguntarme. No importa cuál sea la pregunta: siempre puedes hablar conmigo.”

Recuerda siempre disfrutar a tus hijos.

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